La primera imprenta de América

Una vez establecidos los Conquistadores espaí±oles en esta tierra, ahora mexicana, Hernán Cortés repartió los terrenos de la imponente Tenochtitlán, así como las riquezas obtenidas. El alarife Jerónimo de Aguilar construyó en 1524 una gran edificación, dentro de los límites del antiguo recinto sagrado de la ciudad mexica, más específicamente, sobre el conjunto del templo de Tezcatlipoca, para albergar uno de los primeros símbolos de la civilización europea que trajeron los espaí±oles a América. Fue en el aí±o 1536, según unos, o en el aí±o 1539 para otros, pocos aí±os después de la caída del imperio mexica, que el virrey don Antonio de Mendoza permitó el establecimiento de la primera imprenta de todo el continente. Juan Pablos, un hombre que no sabía leer ni escribir, paradójicamente, fue el encargado de traerla de Espaí±a, con licencia otorgada por el alemán Johan Cromberg. Los tipógrafos fueron Estaban Martín y Juan Paoli.
Actualmente, en el predio número 10 de la calle Licenciado Primo Verdad, esquina con la calle de Moneda, allá en el Centro Histórico de la ciudad de México, se encuentra una placa que conmemora el hecho. En ese entonces, las calles se llamaban Martín López y Juan de Cuevas.
La casona pasó por muchas manos, incluso perteneció en el siglo XVII al monasterio de Santa Teresa de la Orden de las Carmelas Reformadas! La edificación también se conoce actualmente como Casa de las Campanas, porque allí se fundieron las campanas de la catedral de Ciudad de México, entre los siglos XVI y XVIII. Un detalle de la construcción es que la mampostería se mantuvo intacta desde sus orígenes por más de 400 aí±os.
Con los trabajos de restauración del inmueble histórico, iniciados en 1989, investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y del Instituto Nacional de Antropología (INAH) descubrieron una pieza escultórica mexica. Lo primero que se observó fueron unos enormes colmillos y las escamas, así como un ojo. La parte superior de ella se situaba a 82 centímetros de profundidad al nivel del piso. Se trataba de una cabeza de serpiente. Es posible que la cabeza de esta escultura haya sido visible para los inquilinos de la casa en los siglos XVI y XVII. Un tesoro prehispánico más, hallado gracias a las labores de restauración del Centro Histórico de la ciudad de México.
Al día de hoy, el inmueble se ha convertido en el primer museo en su tipo, dedicado a la difusión, la promoción y el estudio del libro en todas sus modalidades. El Museo del Libro, dependiente de la UAM, cuenta con la librería Juan Pablos, nombrada en honor del primer impresor americano. Justo aquí es donde se exhibe la cabeza de la serpiente hallada durante la restauración de la casona.
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