Pasión hasta los huesos
No entendía por qué algunas cosas estaban sucediendo en mi vida. Y aunque a los cuatro años uno no entiende casi nada, una enorme angustia me abrumaba. Mis primeros años habían transcurrido como los de muchos otros niños de la década de los sesenta. Nací el 7 de abril de 1960. Como hijo de padres divorciados, me quedé al lado de mi madre, quien necesitaba trabajar para obtener recursos con qué mantenernos. Por ello, tuvo que instalarnos a mí y a mi hermano, un año menor que yo, en casa de dos amorosas personas que, al paso del tiempo, serían muy importantes en mi vida. Alicia y José Guadalupe, hermana y cuñado de mi madre, fueron quienes nos acogieron. Cada día de aquellos tiempos, al despertar recostado al lado de mi pequeño hermano, pensaba que quizás ése era el día en que mi madre y mi padre volverían a estar juntos y con ellos, mi hermano y yo. Bueno, así piensan los niños; por lo menos, así pensaba yo.
Me interesaba mucho que eso sucediera porque no vivíamos con mi madre. Vivíamos con los tíos. Y aunque podíamos verla por las noches, la extrañábamos todo el día. Ella vivía con mis abuelos. Recuerdo que en muchas ocasiones le pregunté: "Mamá, ¿cuándo vamos a ser una familia nuevamente?". Y ella siempre me decía: "Somos una familia. El hecho de que tu padre no esté con nosotros no significa que no lo seamos." Sin embargo, mi estructura mental se sentía confundida porque, bajo el esquema que yo conocía, una familia se compone de un papá, una mamá y los hijos.
Por aquel tiempo empecé a tratar de asimilar lo que mi madre con sus ojos vidriosos, me decía. Y entonces, comencé a capturar como un concepto que aplicaría a lo largo de mi vida, que la familia es la que está junto a ti. La que te ve crecer, la que te ve esforzarte, la que te ve caer, la que te ve llorar, la que te ve ganar.Eso es la familia. Después de comprenderlo, pude tener mi familia, porque entendí que ésta no es un concepto. La familia son palabras, miradas, caricias, oídos que escuchan y brazos que se abren para recibir lo bueno o lo malo. En aquél momento mi espíritu se empezó a fortalecer.
A partir de entonces, nunca tuve otra vez problemas para entender lo que era la familia. Fui creciendo. Y justo cuando cumplí cinco años, la compleja y maravillosa vida nos dio el primer gran susto. Me accidenté y quedé fuera de circulación durante más de mes y medio. Saltar, correr, jugar, pelearme con mi hermano y hasta comer lo que más quería y valerme por mi propio esfuerzo quedaron postergados.
Recuerdo que el hombre que durante toda mi niñez representó mi columna como figura paterna me dijo, sólo con unos minutos de diferencia, lo que mi madre también me expresó esa noche en el hospital en que yo estaba: "Hijo, tú puedes. No te des por vencido. Eres muy fuerte y estoy seguro que si sigues las indicaciones de los doctores, muy pronto vas a salir de aquí." Minutos después mi mamá me diría prácticamente lo mismo, aunque añadiendo la siguiente expresión: "Mi'jito, fíjate que ya no estoy preocupada por tu accidente. Cada vez te veo mejor. Y sabes, desde que tú eras una semillita en mi estómago, supe que eras especial. No tengo duda de que pronto vas a estar afuera. Porque a ti, no creo que nada te detenga en la vida, pues eres un elegido y alguien muy importante te cuida." Comprendí, entonces, que mi madre y mi tío, a quien yo le llamaba papi, siempre estaban a mi lado animándome, en las buenas y en las malas, aunque lo hacían de forma diferente. Mientras mi madre empujaba siempre para que yo aprendiera a fortalecer mi determinación, mi papi se encadenaba a mí, jalándome con infinito amor. Parecía que mi mamá se preocupaba más por hacerme sentir que confiaba absolutamente en mis capacidades. Siempre supe que ésa era una pose de mi madre. Antes que cualquier cosa, me amaba. Me recuperé y pasó el tiempo.
Una tarde noche tenía yo catorce años y cuatro días cuando murió ese extraordinario hombre que acogió a dos niños como propios y los quiso más que si lo fueran. Una enfermedad larga y penosa se llevó a quien me enseñó los valores de la generosidad, el amor incondicional y la nobleza. El día en que él murió, no sólo para mí sino también para mi hermano, nos significó empezar a apreciar su legado como una herramienta fundamental para el resto de nuestros días. Él se volvió leyenda. Hizo todo lo que pudo por nosotros y queriendo hacer más, ya no tuvo tiempo.
Durante los primeros veinte años de mi vida sufrí tres accidentes graves, de los que, afortunadamente, me recuperé y en cada uno de ellos siempre me pregunté: "Vaya, tengo suerte de estar vivo. ¿Por qué será?" La respuesta la encontré tiempo después. La pregunta no era por qué, sino para qué.
El tiempo siguió su marcha. En 1984 me casé y de esa unión tuve dos maravillosos hijos. En aquél tiempo yo ya había terminado la universidad y era lo que podríamos considerar un empresario, padre e hijo de familia exitoso. Tenía a mi madre, que aún vivía, a mi hermano que es como mi corazón y a mi hermana, que es como mi intuición. La viuda de mi papi aún vivía, y vive aún conmigo. Y tanto a ella como a mi madre, mi hermano y yo las apoyábamos para que no les hiciera falta nada. Durante esa década, los ochenta, convertimos mi hermano y yo, vertiginosamente, el éxito empresarial en catapulta para ubicarnos en otros ámbitos dentro de la estructura social en México. Lo conseguimos. Él y yo siempre platicábamos acerca de lo satisfactorio que era llegar a ese punto y cómo la herencia de la cultura del esfuerzo de mi papi, de la cultura de la determinación y del arrojo de mi madre, por sobre otras cosas, nos habían puesto en ese sitio, que nosotros entendíamos como de privilegio. Recuerdo que brindábamos en algún lugar donde estuviéramos comiendo, y siempre decíamos, "Lo logramos, cabrón; lo conseguimos. Ya nadie nos va a poder parar." Son palabras que no olvido porque pronto me atraganté con ellas. De no haber sido por lo que, en esencia, significaban los consejos de mi papi y de mi mamá, nunca hubiera podido salir de la vorágine de acontecimientos que entrampó nuestro destino como familia. No era en el éxito donde dieron fruto las consejas de mi papi y de mi mamá. Fue en el fracaso donde encontramos en ellas la fortaleza para no darnos por vencidos, la templanza para salir adelante, la determinación para volver a empezar.
En fin, la década de los ochentas fue marcada por dos acontecimientos importantes en mi vida. Uno que tiene que ver con lo que en aquél entonces entendía como éxito. Perdimos mucho dinero en la bolsa. Para ser exacto, el noventa por ciento de todo lo que habíamos conseguido en toda nuestra vida. Por otro lado, el doloroso momento que entendí como trágico fue cuando me informaron que mis dos hijos tienen una enfermedad incurable, para la cual la ciencia médica aún no tiene cura.
El principio de los noventas, como ustedes pueden suponer, se presentaba poco halagador. No sólo eso, muy complicado. No tengo duda que de no haber sido por la preparación académica que se me dio, los valores que me infundieron, la unión familiar y el sentido común, no hubiera podido salir adelante. Sin embargo, yo me sentía abrumado, muy abrumado.
A mediados de la década de los noventa, cobijado por los resultados del estudio del genoma humano, ataqué de manera frontal y sin descanso el problema de salud que aquejaba a mis hijos. Siete años después de su diagnóstico conseguí lo que parecía imposible. A partir de entonces, mis muchachos, que hoy mismo están estupendamente bien, han sido catalogados como el testimonio más importante a nivel mundial para un paciente que, con una enfermedad incurable, obtiene el beneficio de la magia de la ingeniería genómica a favor de su salud.
Tres asociaciones, siete páginas de Internet y un trabajo de más de una década de manera ininterrumpida, dan como resultado lo que ahora está sucediendo. Nunca dejé de soñar. Nunca dejé de atreverme. Nunca me di por vencido. Eso ha sido fundamental. Hasta este punto creía que todo lo tenía bajo control. Las máximas en mi vida habían sido aplicadas con rigor. Sin embargo, hay cosas que uno no puede cambiar.
En el año 2003, con el principio del nuevo siglo, sufrimos la pérdida, que hasta hoy, más me ha significado. Mi madre, la campeona del "sí se puede", perdió la batalla contra la fibrosis pulmonar ideopática. Nada pude hacer para que el demonio de su enfermedad no nos diera a nosotros y a ella los seis meses más tormentosos y tristes que, junto con los de mis hijos en sus primeros años de enfermedad, tuvimos que vivir.
Olvidaba comentar que la última expresión de mi papi volvió a coincidir con la última de mi madre. Las dos pude oírlas claramente. A mi hermano y a mí nos las dijeron, con años de diferencia. "Nunca se permitan darse por vencidos. Peleen hasta el último momento y háganlo dignamente y con toda determinación."
Mis sueños se nutren de eso. De pasión, de amor, de entrega, de determinación; a veces de tristeza y, en muchas ocasiones, aunque no lo quiera, de dolor.
Vivir, en la actualidad, con dos hijos que, pudiendo haber muerto hace muchos años, sobrevivieron exitosamente, es un privilegio. Hoy, con 18 y 22 años, los amo más que nunca. He vivido a todo lo que doy durante los últimos 48 años de mi vida. Casi he muerto en alguna ocasión. He compartido con mis dos parejas, la madre de mis hijos y mi cómplice actual, momentos extraordinarios. He sido muy afortunado. Nunca renunciaré a mis sueños. Jamás aceptaré a quien vive en esta vida al vaivén de los demás. Mi meta siempre será hacer que las cosas buenas sucedan. Para ello, permanentemente daré el primer paso.
A mí me bastó con entender que el amor no sólo es un concepto, sino es algo mucho más grande. Agradezco a quien me lo mostró, a quien me enseñó a creer en él, a quien me enseñó a confiar en mí, a quien me enseñó a soñar, a quien me contagió de su emoción, a quien me tendió la mano cuando más lo necesitaba. Agradezco a mis ángeles y a quien, más allá de nuestro entendimiento, siempre está pendiente de mí.
Hoy iniciamos un nuevo sueño. El mismo que comparto con toda mi familia.
Para nosotros, el pasado es una añoranza; el futuro, un anhelo. El hoy es un regalo. Por eso se llama presente y queremos compartirlo con todos ustedes.
Muchas gracias.
¡Felicidades, mamá, donde quiera que estés! Amigos, hoy, trece de julio, sería cumpleaños de mi madre.
10 Las respuestas »
Deje a una respuesta



Comunidad Lisosomal · México
Foros de Hispanoamérica
Multimedia de PPuDM
Palito y Toto Piden un Deseo, ac
Por Insurgentes.com
Proyecto Pide un Deseo México, iap
Artículos(RSS)
Mi querido David.
Muchas veces hemos platicado esto que hoy has plasmado en este medio. La emoción con que lo haces me permite sentir algo indescriptible y obviamente me enorgullece formar parte de tu familia. Como lo comentamos alguna vez, cuenta conmigo y mi familia para este nuevo reto que comienza, recuerda que siempre puedes contar con nosotros. Sólo te pido que recuerdes que también somos tu familia, (esto tú me lo mencionas mucho, espero que no sea una necedad). Recibe un cordial abrazo de la güera, de las pequeñas, de Fer y un beso de mi parte.
Querido David: una vez que entendí aquella frase de "en vida hermano, en vida"; no dejo pasar la oportunidad que la vida me presenta para disfrutarla y aprender de todos aquellos que como tú, se han ganado mi admiración y respeto. Eres incansable y terco (por eso te admiro) también, tienes un gran corazón, apasionado hasta los huesos, sin duda.
Excelente idea la de Código Peña, deseo que logres tu objetivo y aquí estaré siempre que lo necesites. Un abrazo y en vida te digo hermano que te admiro y te quiero.
Cuánto hay de verdad en todo lo que señalas en el trayecto de tu vida, y de este modo sabemos que así es la vida, con altibajos. Sin embargo, no podemos dejar de señalar que el aquí y el ahora es el momento más intenso e importante al cual estamos comprometidos todos, si lo hacemos la vida no nos fallará. Aún las tristezas, las desesperanzas, lo amargo y, por supuesto, también la alegría y el amor, vivámoslo intensamente.
David: No cabe duda de que las cosas pasan por algo y que hay otras que debes hacer que pasen, todo lo que platicas y plasmas en este espacio es solo la confirmación de que eres una gran persona que por supuesto admiro y respeto por que no cualquiera tiene el valor para enfrentarse a quien se ponga en frente con tal de salvar a sus hijos y más importante aún, salvar a los hijos de otros que no tienen el valor para hacerlo y que en algunos casos ni siquiera te conocen en persona. Un abrazo y cuenta conmigo por favor!!.
Alejandra
Y los milagros suceden, más allá de toda comprensión humana están esas pequeñas señales que son el preludio de la grandeza de Dios. Ahí esta ese gran trabajo que fue como abrir paso en la espesura de la selva, sin más instrumento que la pasión, la entrega y la determinación y ahora ver el resultado. Toto y Pali son el motor de esa gran locomotora que arrasa, que arremete y que por supuesto llega a su destino final...servir. Y terminaré diciendo una frase hermosísima que me cimbró también hasta los huesos: "el que no sirve para el servicio, no sirve para la vida".
¡¡¡Estoy muy orgullosa de ti, papi!!!
esta muy bonita la historia los felisito
MI QUERIDA GABY : CUANTO MAS SE DE TI Y DE TUS HIJOS, MAS ORGULLOSA ME SIENTO DE SER TU AMIGA . ANIIMO AMIGUITA LINDA .
UN FUERTE ABRAZO A PAO Y A TOTO.
TE QUIERO MUCHO AMIGA.
AMIGA CADA DIA TE ADMIRO MAS.
TUS HIJOS VAN A ESTAR BIEN
ERES UNA MAMA MUY DEDICADA Y MUY , MUY FUERTE . TE QUIERO
Nada de lo que sucede a nuestro alrededor es casualidad, es por eso que quiero agradecer a la vida, la gloriosa oportunidad que me ha brindado para recorrer este camino lleno de satisfacciones. No hay nada más placentero para mí que ver a mis tres hijos (Gabita, Pali y Toto) llenos de amor, de luz y de alegría, siendo seres humanos buenos, amorosos, comprometidos. Ahora en este punto de mi vida en que plácida y tranquilamente puedo desarrollar mi vocación y estudiar lo que por tantos años atrás fue añorado, gracias al Absoluto (Dios) que confabuló sus fuerzas para que ahora yo me encuentre aquí y ahora completando mi destino.
Gracias por haber encontrado grandes amigas como tú Vicky, como tú Marcela, como tú Gloria, como tú Sandra, como tú Magali y como muchas otras, importantísimas y queridísimas que sería interminable nombrar.