¡Chingón, oro chingón!

Amalia Pérez, con una radiante cara de felicidad, expresa la máxima alegría de un atleta. La deportista paralímpica, especializada en levantamiento de pesas, ganó una medalla de oro. ¡Maravilloso!
¡Felicidades, Amalia! ¡Qué buen trabajo haces! Te deseo, con todo mi corazón, que el Comité Olímpico te recompense de la misma manera que a los atletas olímpicos. Igual que al resto de los medallistas paralímpicos mexicanos. Cuando digo de la misma manera, quiero decir de la misma manera. De otro modo, es discriminación.
¡Felicidades, campeona!
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¡Maravilloso corazón, maravilloso! como dice la canción de Rafael. Amalia, me uno a tu triunfo y a esa gran felicidad que te ha de recorrer por las venas. La gloria no sólo es el cielo, la gloria tú ya la tienes al ser mujer y una atleta a la vez, para que nos quede claro, dos en una. Por ser quien eres y darnos el regalo de un triunfo más, mil gracias Amalia y que el tiempo te de más.