David Bohm, un hombre renacentista del siglo XX

Un hombre extraordinario y lúcido murió hace tiempo, en 1992. David Joseph Bohm, uno de mis héroes personales, fue un físico que relacionó sus conocimientos científicos con la filosofía y con la cognición. Independientemente de los valiosísimos aportes que hizo en el campo de la física cuántica, la ciencia que explora el interior del átomo, David Bohm también encontró muchas conexiones entre la manera en que pensamos y construimos la realidad, así como en la noción de totalidad que tenemos, entre muchas otras cosas.
No es mi intención referir su completa biografía y síntesis de su pensamientos, pues para eso está la Wikipedia... Viene a cuento David Bohm porque últimamente me he percatado de que en México, muy especial en campos como la política (¡momento! --en las relaciones interpersonales no nos quedamos atrás) hemos destruido el libre flujo del pensamiento, el libre tránsito del significado entre una persona y otra. Nos hemos dedicado, en mi opinión, querido lector, a imponer modelos rígidos de pensamiento, donde se reflejan nuestros valores personales y no hemos permitido que sean éstos sujetos al grácil bombardeo de otras ideas, otros cuestionamientos u otras perspectivas.
¡Cuántas veces no he escuchado: "No. No es así. Permíteme decirte que estás equivocado"! Dicho esto de manera amable o violenta, no nos permitimos suspender nuestros juicios momentáneamente, no nos apartamos de las palabras literales que nos expresan para buscar detrás de ellas la intención o el significado más profundo de la idea que nos presenta la otra persona.
Bueno, pues David Bohm escribió una propuesta de solución para atacar los problemas sociales modernos. No a modo de varita mágica, pues respuestas rápidas o cien por ciento eficientes no existen. Sin embargo, considerando que en todos los problemas de la realidad son las personas el factor creativo y complicativo (perdón por la palabrita inventada), es decir, son las personas las que generan la realidad problemática, entonces Bohm propuso el diálogo como la herramienta de apuntalamiento para modificar la realidad. En el "Diálogo Bohm", el estatus de igualdad y el espacio libre forman los prerrequisitos más importantes de la comunicación y de la consideración de las diferentes creencias personales. Bohm sugirió que si estos grupos de diálogo tuvieran experiencia en gran escala, podrían ayudar a solventar el aislamiento y fragmentación que se ha convertido en parte inherente de nuestra sociedad.
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